La producción del país cubre la demanda nacional de maíz blanco para consumo humano, pero depende de compras al exterior para abastecer al sector pecuario.

Ciudad de México. – En pro de la autosuficiencia alimentaria en granos básicos, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) destina subsidios a los pequeños agricultores, pero la producción nacional está estancada, mientras se rompe récord de importaciones y hay al menos 400 mil cultivadores medianos, de más de 20 hectáreas y que generan 46 por ciento del valor de la producción agrícola, quienes desde 2019 perdieron los subsidios para la comercialización, el acceso a crédito, a programas de fomento y de apoyo a la mecanización del campo, advierten investigadores y agricultores.

La producción del país cubre la demanda nacional de maíz blanco para consumo humano, pero depende de compras al exterior para abastecer al sector pecuario, y el año pasado las importaciones de maíz amarillo, frijol, soya, trigo, leche y derivados, subieron 56.5 por ciento respecto de 2020, indica el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas.

Los analistas indican que 70 por ciento de los productores de maíz son pequeños, pero de los 27 millones de toneladas que en promedio se obtienen al año, aportan 30 por ciento y destinan una parte de su cosecha para autoconsumo.

Hay dos programas dedicados a alcanzar la autosuficiencia alimentaria: Precios de garantía, con presupuesto de 11 mil 373 millones de pesos. Operado por Seguridad Alimentaria Mexicana (Segalmex), entre septiembre de 2020 y junio de 2021 adquirió maíz a sólo 51 mil pequeños agricultores y dio incentivos a 23 mil 265 medianos productores.

El otro es el programa Producción para el bienestar, con un gasto autorizado de 14 mil millones de pesos para impulsar a las 5 millones de unidades de producción del país. Entrega 2 mil pesos por hectárea al año a 1.7 millones de productores de granos básicos que posean hasta 5 hectáreas de temporal. Los cosechadores de “mediana escala”, que cultivan de 5 a 20 hectáreas, reciben menos: mil 200 pesos por hectárea, y el límite son 24 mil pesos al año. En conjunto, son 93 por ciento de las unidades y generan 54 por ciento de la cosecha, indica la Sader.

Mejores efectos
Los planes de apoyos antes expuestos son la continuación de Procampo y ProAgro e incluyen a pequeños agricultores que eran beneficiados con esquemas que se eliminaron, como los de café y caña de azúcar, y quedaron fuera 400 mil campesinos que trabajan unidades de más de 20 hectáreas, quienes antes tenían subsidios en efectivo y son los más productivos, sostiene en entrevista Ana de Ita, directora del Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano.

Agrega que el objetivo de la autosuficiencia alimentaria se contrapone al hecho de que sólo se apoya a los pequeños agricultores –cuya cosecha, en su mayoría, es para consumo familiar–. Los medianos, que son fundamentales, pues son los que abastecen a la población urbana, “no son tan ricos como para que no requieran el subsidio”. La producción no ha bajado, pero tampoco se ha incrementado. “Era de esperarse que la política de autosuficiencia no jalara, que no tuviera buenos resultados y, ante el entorno internacional, es momento de revisarla”, apunta.

Todos los productores contribuyen a asegurar el abasto de bienes básicos, pero “debería haber un enfoque hacia reactivar programas que incentiven la cosecha de mercancías primarias. El mundo está enseñando que no deberíamos tener dependencia alimentaria”, dice Luis Fernando Haro, director del Consejo Nacional Agropecuario.

Antonio Turrent, investigador del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias, refiere en entrevista que, en el caso del maíz, los rendimientos en el norte del país no podrán subir más, la alternativa es ampliar la superficie de cultivo de riego en el sureste. Desde hace 30 años, “he propuesto que, abriendo al riego tierras agrícolas, y en superficies de entre 1 y 2 millones de hectáreas se pueden tener rendimientos de 15 toneladas por hectárea en el ciclo otoño-invierno”, asegura.

Otra opción es que los “productores de maíz del norte siembren cereal amarillo, que sirve de alimento al sector pecuario, y el resto del país, maíces blancos con la calidad de los granos nativos y hacer mejoramiento. De esta forma, se resolvería el tema de las altas importaciones de grano forrajero”, propone.

Con información de: La Jornada

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